Círculos sociales: la personalidad en la intersección

Tanto vale, pues, decir que atendemos una cosa, como decir que esa cosa desaloja un cierto espacio en nuestra personalidad.”

― José Ortega y Gasset

El proceso de diferenciación social y de división del trabajo, propio de las sociedades modernas, ha ido transformando los diferentes ámbitos de la vida en común a las que pertenece el individuo. Una característica de esta configuración es la pertenencia y la combinación que se puede establecer en los diferentes círculos sociales, y en ese sentido, hay aspectos de la personalidad que se involucran y otros que quedan excluidos. En la Sociología Simmel refiere que, a diferencia de lo que sucede en las sociedades   “modernas”, que dejan al individuo la libertad de pertenencia a diversos ámbitos, en las sociedades “no modernas” había una estrecha y severa dependencia que hacía que el grupo en su totalidad limitara las acciones personales a los intereses generales de la comunidad.

Podríamos pensar que el aumento de esferas a las que pertenece el individuo puede provocar conflictos que lo amenacen con la afectación de la unidad del yo; sin embargo, el autor sostiene que  esta situación va formando y fortaleciendo la individualidad de las personas puesto que requiere que el individuo realice equilibrios internos y externos que acaban fortaleciendo enérgicamente su personalidad, es decir, cuando más variados sean los círculos de intereses que en nosotros confluyen, más conciencia tendremos de la unidad del yo.

¿Pero qué pasa  con la oportunidad de pertenecer a un círculo como el de la experiencia religiosa que involucra a personas que son muy distintas en diversos aspectos? ¿Qué pasa con los  correligionarios que suelen unirse por encima de los demás ámbitos de pertenencia fusionando a las personas y sus intereses sobre los restantes motivos de separación?

Coser, en Las instituciones voraces, establece una distinción entre sociedades indiferenciadas sociedades diferenciadas. Dentro de las primeras tenemos a las sociedades primitivas, en donde existía una competencia entre los grupos locales y los grupos de parentesco; y en un nivel superior de diferenciación, no se pueden olvidar las luchas por la adhesión del pueblo que sostuvieron el altar y el trono en la sociedad medieval. Estas instituciones u organizaciones, que reclaman la adhesión del individuo, son pocas; aun así, los conflictos que surgen entre ellos por monopolizar la lealtad de sus miembros representan la regla. De otro lado, los conflictos por la lealtad y la adhesión se agravan en las sociedades contemporáneas con un alto grado de diferenciación dado que, como lo mencionamos, el individuo vive en la intersección de muchos círculos sociales. Si consideramos que el hombre no solo cuenta con una reserva finita de energías libidinales para galvanizar los objetos sociales, sino que sus recursos de tiempo son igualmente limitados, podremos entender porqué la lealtad y la adhesión constituye un conflicto permanente. Sin embargo, para conciliar las demandas conflictivas de lealtad, las sociedades no totalitarias modernas recurren a ajustes estructurales mediante los cuales el individuo se halla inscrito en una pluralidad de círculos sociales que no reclaman su exclusiva lealtad. El fin que se persigue es que las personas desempeñen una multiplicidad de papeles en una multiplicidad de escenarios que les permita distribuir sus energías en la mayor variedad posible de juegos sociales.

Pero la sociedad moderna, al igual que la sociedad tradicional, según Coser, sigue engendrando grupos y organizaciones que, en contradicción con las tendencias dominantes, demandan la adhesión absoluta de sus miembros, y que pretenden abarcar toda su personalidad dentro de su círculo. Estas podrían denominarse instituciones voraces, “por cuanto exigen una lealtad exclusiva e incondicional y tratan de reducir la influencia que ejercen los papeles y los status competidores sobre aquellos a quienes desean asimilar por completo. Sus demandas respecto a la persona son omnívoras” (Coser, 1976: 14). Pueden como la Iglesia católica exigir el celibato con el fin de neutralizar la influencia divisoria de los compromisos familiares. O las comunidades utópicas que contrarrestan toda tendencia a la “singularización” y la “particularización” reprobando toda relación diádica que pueda restarle afecto y energías a la comunidad. Ambos pueden erigir grandes barreras entre miembros y extraños para mantener al adepto vinculado a la comunidad.

Es importante destacar que las instituciones voraces deben distinguirse de las que Erving Goffman ha denominado instituciones totales. En tanto que Goffman destaca las condiciones físicas que aíslan al “recluso” del mundo exterior, Coser destaca los mecanismos que se limitan a erigir barreras simbólicas entre ellos. Las instituciones voraces suelen depender de la adhesión voluntaria y desarrollar mecanismos de motivación para activar la lealtad y la adhesión de sus miembros.

Las sectas, por ejemplo, exigen la adhesión absoluta de la persona y jamás se contentan con un compromiso parcial. Todo miembro que cede a la tentación de externar ideas que están en desacuerdo con la doctrina aprobada es castigado como hereje y expulsado de la comunidad por considerársele impuro e indigno de pertenecer a ella. De modo específico podríamos mencionar  las pautas que regulan las relaciones sexuales. Dada su intención de apoderarse de toda la personalidad de sus miembros para ponerla al servicio de sus fines colectivos, las organizaciones voraces tienden a desconfiar de toda relación diádica y estable de sus miembros con personas del sexo opuesto.

Finalmente, y de acuerdo con las reflexiones de Lewis Coser, es importante reconocer que los intentos por crear una “totalidad” de compromiso social, de no ser debidamente controlados, podrían conducir a restricciones de la libertad individual mucho más perjudiciales para el espíritu humano que la fragmentación y la segmentación de la sociedad actual.

~Autora: Alondra Oviedo

Referencias bibliográficas

Coser, Lewis.A. (1978) Las instituciones voraces. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1978

Goffman, Erving. (1992) Internados: ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales.: Buenos Aires: Amorrortu.

Ortega y Gasset, José. (1987) Estudios sobre el amor. Madrid.: Revista de Occidente: Alianza.

Simmel, Georg. (2014) Sociología: estudios sobre las formas de socialización. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

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